Toluca, EDOMEX.- Las comisiones unidas del Congreso del Estado de México aprobaron el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en niveles medio superior y superior, bajo un enfoque “gradual y ético”. Sin embargo, aunque el dictamen plantea avances en la modernización educativa, también deja interrogantes sobre su implementación, regulación efectiva y posibles desigualdades.
La iniciativa, impulsada por la diputada del PRI, Lilia Urbina Salazar, fue avalada por las comisiones de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología e Innovación, y la Especial de Innovación, Gobierno Digital e Inteligencia Artificial. El acuerdo establece que autoridades educativas deberán promover el uso responsable de la IA entre docentes y estudiantes, sin que esta sustituya el papel del profesorado ni el desarrollo del pensamiento crítico.
No obstante, el reto parece ir más allá del discurso. Aunque la legislación ya contempla el acceso progresivo a tecnologías y conectividad en espacios educativos, la realidad en muchas instituciones mexiquenses sigue marcada por brechas digitales, falta de infraestructura y capacitación limitada, lo que podría convertir esta reforma en una medida más aspiracional que operativa.
Durante la discusión, legisladores como Nelly Rivera y Rigoberto Vargas coincidieron en que la IA no debe reemplazar la labor docente. Aun así, reconocieron que su uso ya es cotidiano entre estudiantes, muchas veces sin lineamientos claros, lo que abre la puerta a riesgos como el uso indebido de datos personales, dependencia tecnológica o incluso afectaciones a la integridad académica.
La propuesta también subraya la necesidad de que toda recomendación automatizada esté sujeta a supervisión humana. Sin embargo, no detalla mecanismos concretos de vigilancia ni criterios claros para evaluar el uso ético de estas herramientas, lo que deja en manos de cada institución su interpretación y aplicación.
Si bien la reforma busca posicionar al Estado de México como referente en el uso educativo de la IA, especialistas advierten que sin inversión suficiente, capacitación docente y reglas claras, el objetivo podría quedarse corto. Más que integrar tecnología, el desafío será garantizar que esta no profundice desigualdades ni sustituya habilidades fundamentales en el aprendizaje.



