*San Pedro Atlapulco se mantiene como una comunidad unida, segura y orgullosa de sus raíces, con las puertas abiertas a quienes deseen conocer sus paisajes, tradiciones, cultura y riqueza natural inmersas en los valles El Silencio, Rancho Viejo, El Potrero, El Conejo y Valle de las Monjas.
Ocoyoacac, Edomex.- San Pedro Atlapulco mantiene una postura clara frente a la defensa de su territorio, hacer valer, conforme a derecho, los límites que históricamente le corresponden, sin buscar confrontaciones con otras comunidades. Así lo afirmó Yadira Maribel Villela Esquivel, primera mujer en presidir la comunidad agraria e indígena, quien sostuvo que el objetivo es preservar el patrimonio territorial, la unidad y la identidad de un pueblo originario.
Villela Esquivel explicó que San Pedro Atlapulco cuenta con una resolución presidencial de 1946, un plano definitivo y un levantamiento topográfico avalados por instancias gubernamentales, documentos en los que se establecen los límites de las 7 mil 110 hectáreas que la comunidad reconoce como parte de su territorio. Por ello, subrayó que la postura de este pueblo no pretende generar conflictos con las demarcaciones vecinas, sino solicitar que también sean respetados los límites reconocidos legalmente. “Sí a la paz, pero una paz basada en el respeto”, expresó.
Ante la disputa territorial que mantiene San Jerónimo Acazulco, la presidenta de Bienes Comunales señaló que existen antecedentes jurídicos y procedimientos legales relacionados con la delimitación de las tierras. En ese sentido, llamó a que cualquier diferencia sea atendida mediante las instituciones y los tribunales correspondientes, pues consideró que las resoluciones de las autoridades deben ser respetadas. La comunidad, insistió, busca evitar que las diferencias territoriales deriven en afectaciones para terceros o alteren la convivencia entre los pueblos.
Aunado a la defensa jurídica, otro de los principales objetivos de la actual administración comunitaria es mantener la cohesión y unidad de San Pedro Atlapulco para avanzar como pueblo. Con alrededor de mil 489 comuneros y una población cercana a 5 mil habitantes, la comunidad ha procurado conservar sus tierras en manos de sus habitantes y descendientes, una decisión que, de acuerdo con Villela Esquivel, ha permitido fortalecer el sentido de pertenencia y evitar que la presión urbana y económica termine debilitando su tejido comunitario.
La defensa del territorio, agregó, tampoco significa mantener las tierras improductivas. La comunidad busca aprovechar responsablemente sus 7 mil 110 hectáreas para generar empleo, fortalecer la economía local y crear oportunidades para las nuevas generaciones, al tiempo que se preservan los recursos naturales. El propósito, explicó, es encontrar un equilibrio entre desarrollo y conservación, de manera que los habitantes puedan beneficiarse de su territorio sin dejar de cuidar la naturaleza y mantener vivas sus raíces.
Para Villela Esquivel, preservar San Pedro Atlapulco implica mucho más que conservar una superficie de tierra, significa mantener vigentes los usos y costumbres, la cultura, la cosmovisión y la identidad de un pueblo originario. Por ello, sostuvo que la unidad comunitaria será fundamental para enfrentar los retos actuales y futuros, siempre desde el respeto a la ley y a las comunidades vecinas. “La mejor manera de defender lo nuestro es usarlo, es valorarlo, es vivir dentro de todo esto”, afirmó, al destacar que el futuro del pueblo dependerá de que sus habitantes permanezcan unidos y orgullosos de su origen.
Finalmente, refirió que la comunidad de San Pedro Atlapulco confía en que la intervención del gobierno permita revisar y dejar plenamente asentados los límites territoriales con base en la documentación que, aseguran, acredita que las hectáreas en cuestión pertenecen a Atlapulco, pues sostienen que no son ellos quienes infringen la ley y que únicamente buscan que esta situación quede definida con certeza para poner fin a cualquier posible conflicto. Al mismo tiempo, reiteran que son una comunidad de gente trabajadora que quiere vivir en paz y mantener abiertas sus puertas al turismo, ofreciendo a los visitantes espacios seguros, dignos y agradables de esparcimiento para que conozcan y disfruten de su territorio, naturaleza y tradiciones.


