Sinaloa, Mex.- Rubén Rocha Moya volvió a la gubernatura de Sinaloa después de 112 días de licencia, como si el escándalo que lo rodeó simplemente pudiera borrarse con el paso del tiempo. El regreso resulta, cuando menos, polémico, Estados Unidos lo acusó formalmente de presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa, señalamientos que el gobernador ha rechazado.
Y de buenas a primera con gran tranquilidad el funcionario señalado por un asunto de esta magnitud regresa al cargo como si nada hubiera ocurrido.
Para muchos, más que una muestra de fortaleza, su regreso proyecta una preocupante sensación de impunidad política.
Y mientras Rocha Moya retoma el despacho, Morena intenta poner distancia. La dirigencia nacional aseguró que no tuvo conocimiento previo de su decisión de reincorporarse y se deslindó del regreso.
Vaya situación incómoda para el partido donde un gobernador emanado de sus filas vuelve al poder en medio de acusaciones gravísimas y, al mismo tiempo, la dirigencia marca distancia de una decisión que inevitablemente tendrá costos políticos.
Ahora habrá que esperar las reacciones que genere este polémico retorno y, sobre todo, si las explicaciones serán suficientes para disipar las dudas que siguen pesando sobre Rocha Moya


