Zinacantepec, EDOMEX.- Con el aroma del maíz, el calor del fogón y las manos sabias de quienes han heredado recetas por generaciones, Zinacantepec volvió a demostrar que su riqueza cultural no solo se cuenta… se saborea.
El Gobierno Municipal de Zinacantepec reafirmó su compromiso con la preservación de las tradiciones del pueblo mazahua a través de una emotiva muestra de cocina tradicional, donde cada platillo fue mucho más que alimento: fue historia, memoria y resistencia cultural.
En representación del presidente municipal, Manuel Vilchis Viveros, la directora de Desarrollo Social, Bienestar y Asuntos Indígenas, Allexae Trejo Velázquez, encabezó este encuentro que convirtió la cocina en un puente vivo entre el pasado y el presente. Entre cazuelas y comales, las cocineras tradicionales compartieron no solo sabores, sino también la esencia de una cosmovisión profundamente arraigada en el respeto por la tierra y sus ciclos.
Cada receta presentada evocó el conocimiento ancestral del pueblo mazahua: técnicas que han sobrevivido al paso del tiempo, ingredientes que nacen de la tierra y un profundo sentido de comunidad que se transmite en cada preparación. Preservar esta cocina, se destacó, es también proteger la identidad de un pueblo que encuentra en su gastronomía una forma de seguir existiendo y resistiendo.
El evento también fue un reconocimiento al papel invaluable de las cocineras tradicionales, mujeres que, con orgullo y dedicación, resguardan este legado cultural y lo comparten con nuevas generaciones, manteniendo vivas las raíces de Zinacantepec.
Como parte de la jornada, se realizó la ceremonia tradicional de recepción del Año del Conejo, encabezada por Ausencio Valencia Largo, integrante del Consejo de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México, quien resaltó la importancia de estas prácticas como símbolos de continuidad cultural y dignificación de los pueblos originarios.
El recorrido por los stands permitió a los asistentes adentrarse en la riqueza gastronómica mazahua: una diversidad de sabores, colores y técnicas que hablan de identidad, historia y pertenencia. Cada platillo fue testimonio de una herencia viva que sigue latiendo en el corazón de sus comunidades.


